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Décimo Mandamiento: No Codiciarás - Sermón


Lectura: Éxodo 20:17 Pastora Belkis Fernández Hay personas que al final de su proyecto de vida, entienden que gastaron energías y esfuerzos que luego se tornan inútiles. La codicia es un deseo extraviado de querer lo ajeno. El Señor conoce cuando hay codicia por la casa ajena, por la mujer o el hombre ajeno o el carro o cosas que posee alguien. El no codiciar incluye no matar, robar, adulterar y hablar falso testimonio. Hay dos ejemplos visibles, el de David y el de Acan. En 2 Samuel 12, Jehová envió al profeta Natán a amonestar a David y en una metáfora le presentó su propio caso y la sentencia de muerte. El otro caso es de Acan, en Josué 7:21, el codició y dijo: vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda. Para Jesús todo tipo de afán, que impide que la Palabra de Dios penetre y fructifique, es por la codicia. Según Marcos 4:18-19. La codicia hace que se pierda todo, lo codiciado y lo no codiciado; David perdió al niño que tuvo con la mujer de Urías y a otros tres hijos más (Amnón, Absalón y Adonías). Acan lo perdió todo. El codicioso está desnudo ante Dios. El resultado de la codicia es una insatisfacción que trae muerte y pérdida. Estemos contentos con techo y abrigo y recuerda que la codicia es la raíz que genera otros pecados. ¡Ten cuidado!

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