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Jesús Conoce la Humanidad - Prédica

Lectura: Juan 12:23-25

Pastora Belkis Fernández, D.Min.

Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre. (Juan 2:23-24).

Jesús no se fiaba de la gente porque conocía sus corazones. Jesús ejerció su amor eterno y no estaba esperando ser acreditado por nadie. El buscaba la conversión genuina.

Las personas estaban entusiasmadas por los milagros y las señales y su creencia era superficial. Mire el caso de la alimentación de los 5 mil Juan 6:25-26. Jesús le dice a la multitud alimentada que había regresado por más comida y no por la señal que hizo.


¿Tenía Jesús necesidad de que la gente validaran su misión en la tierra? ¡No! El Señor no confiaba en la gente porque el conocía lo que había en su corazón. Aun gente buena como Samuel el profeta se puede equivocar por las apariencias de piedad, lealtad o belleza. Samuel creía que el hijo mayor de Isaí era el escogido por Dios y no fue así porque Dios no ve la apariencia exterior, sino el corazón (1 Samuel 16).


Jesús no se fiaba de la conversión de muchos de ellos y lo podemos ver en Juan 8:30-31 donde se menciona a…judíos que habían creído en él. Les aconsejó permanecer en la verdad y terminaron tomando piedras para matarlo (Juan 8:59).


Los milagros, señales y prodigios fueron útiles para autenticar el mensaje divino, pero el objetivo debía ser creer en Jesús como Señor y Salvador y permanecer en la verdad para avanzar en madurez.


Debemos ser reales, genuinos y presentarnos delante de Dios tal y como somos porque él escudriña la mente y el corazón de la gente (Apoc 2:23) y Jeremías 17:9-10 dice: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.


No engañes a Jesús, no te esconda de su presencia, no busque a Jesús solo para tu beneficio personal o familiar. Acércate a Jesús en una relación pura, integra y genuina, vas a experimentar la felicidad que nadie en este mundo te la puede dar.

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