Adoración Centrada en Jesús - Predica
Lectura: Filipenses 2:5-11
Pastora Belkis Fernández, D.Min.
Cuidado con la adoración congregacional que le ofrecemos al Señor, pues puede estar contaminada por contenidos no bíblicos. En Filipenses 2:5-11, se presenta un himno basado en el proceso de humillación y exaltación de Jesús. Aquí aparece la palabra griega “Kenosis” (que significa “vaciamiento”), indicando que Cristo se vació, se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, y renunció por completo a su gloria. Jesús se encarnó en un ser humano real y genuino, sin dejar de ser Dios.
Es peligroso cuando se cantan “piezas aisladas” y se obvia el proceso histórico de la vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Dios lo exaltó para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos y en la tierra y debajo de la tierra. No hay un búnker donde nuestro Señor no penetre. Su plan continúa, y es que toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
En esta sociedad posmoderna observamos un sinnúmero de contenidos que se convierten en un reto para mantener la esencia de las Escrituras; tal como se ve en Filipenses 2:5-6, es un himno fundamentado en el proceso de humillación y exaltación de Jesús.
La adoración que agrada a Dios no es cantar por cantar, sino que lleva al creyente a una vida de obediencia y sometimiento. Ana, en su cántico de adoración, dijo: «No hay santo como Jehová, porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro». 1 Sam.2:2. Te lleva a la santidad comunitaria.
La adoración es una experiencia de entrega total a Dios, de perdón y de expresión de honra al Señor. No reduzca la adoración a un cántico ni a la alabanza. La canción, los himnos y la música son formas de acercarnos a Dios, un lenguaje de agradecimiento y humildad. A la vez, tenemos que ser cuidadosos para no caer en un radicalismo excesivo ni encerrarnos en “estilos de dirección”. Hay casos de personas cuyas vidas el Señor ha transformado mediante la música contemporánea, y nosotros no podemos juzgar, ya que el Señor utiliza su lenguaje y su vivencia en su cotidianidad para transformarlas.
Hay que mantener una liturgia inclusiva para todos, ya sean jóvenes o adultos mayores, y entender su cotidianidad, manteniendo un lenguaje y un contenido bíblico que glorifiquen a Cristo. En momentos complicados, Dios nos ha puesto las lágrimas para expresar nuestra impotencia o nuestro dolor. Por ejemplo, las lágrimas están vinculadas a nuestras emociones y son expresiones internas que se manifiestan en un lenguaje no verbal. El Salmo 56:8-9 nos dice que el Señor recogerá todas nuestras lágrimas. El cántico debe llevarnos a una reflexión comprometedora sobre la santidad, la entrega y la dependencia total de aquel que nos creó.




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