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Buscando La Moneda Perdida - Predica

  • hace 22 horas
  • 2 Min. de lectura

Lectura: Lucas 15:8-19

Pastora Belkis Fernández, D.Min.


En esta parábola de la moneda perdida, observamos a Jesús poniendo el ejemplo de una

mujer que tenía diez monedas (dracmas) y perdió una. Una dracma equivalía a la paga de una jornada completa de trabajo. (BNTV, 2019). Jesús pregunta: ¿No encenderá una lámpara? ¿Esta mujer no barrerá toda la casa? ¿Buscará con cuidado hasta encontrarla?


El consejo de Jesús implica acciones concretas para recuperar la moneda perdida. Primero, encender la luz; luego, barrer la casa y, a partir de ahí, buscarla. Hoy, debes revisar tu casa espiritual, encender la luz de Cristo en tu hogar y esforzarte por recuperar lo perdido, acudiendo a la sangre de Jesús, que nos limpia de todo pecado.


Los hogares están perdiendo buenos hábitos cristianos en el corazón de cada familia; debe buscarse con diligencia lo que se está perdiendo y encender la luz de Cristo. El gozo de la salvación nos lleva a compartir el plan de la eternidad con quienes están perdidos y viven sin los valores del Reino. Aquí, la mujer compartió la bendición de haber encontrado la moneda perdida y celebró en comunidad.


Revisa tu casa espiritual, enciende la luz de Cristo en tu hogar y esfuérzate por recuperar lo perdido. La señora que perdió la moneda de alto valor la perdió en su propia casa. Ella tiene que hacer algo por iniciativa propia hasta encontrar la moneda perdida. Su búsqueda fue con diligencia y no con pereza. ¿Cuánto tiempo buscó intencionalmente esa moneda?


Esta mujer tiene que hacerlo por sí misma: limpiar su casa y encender la luz para hallar la moneda perdida. Hay gozo, fiesta y alegría en el cielo cuando una persona se arrepiente aquí en la tierra. En el Apocalipsis 19 se invita a una celebración y la mayor expresión de gozo en el cielo es cuando una persona recibe a Cristo como Señor y Salvador. Ese nombre de esa persona ya tiene una reserva para celebrar la boda del Cordero en el cielo.


En cierto sentido, los perdidos pertenecen a Dios, lo sepan o no. “La moneda de plata estaba extraviada, pero aún tenía dueño. Observe que la mujer llama al dinero: “la dracma que había perdido”. Cuando perdió su posesión, no perdió su derecho sobre ella; no pasó a ser de alguien más cuando se resbaló de su mano y cayó al suelo”. (Spurgeon).

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