Preparación para el Perdón - Prédica
Lectura: Génesis 32:1-12
Pastora Belkis Fernández, D.Min.
Para perdonar y tener un encuentro con quien te ha ofendido, se requiere preparación. Jacob deseaba perdonar, pero estaba lleno de temores e imaginaciones ante el encuentro con su hermano Esaú. Los conflictos familiares no resueltos del pasado pueden resurgir y volver a abrir heridas que creíamos ya cicatrizadas. El hijo pródigo (Lucas 15:11-32) es un excelente ejemplo de alguien que se preparó para recibir el perdón de Dios y de su padre.
Jacob, al regresar a Canaan, le salieron al encuentro ángeles de Dios. Cuando lo vio, dijo: «Campamento de Dios es este», y le llamó el nombre a aquel lugar: Mahanaim. Dios envía sus ángeles para que caminen con nosotros y, aun en los momentos en que nos invade el miedo, el Señor nos quita todo temor para que demos el paso, aun en el valle de sombras de muerte.
Dios proveyó un Mahanaim para Jacob porque sabía que él no iba a dar el paso; no estaba listo para reunirse con su hermano, que venía con cuatrocientos hombres. Esaú y Jacob no se veían desde hacía veinte años, pero en medio de los temores, Dios se glorificó. Con el hijo pródigo, Dios permitió un hato de cerdos para que volviera en sí.
El perdón que ofrece Cristo es la única medicina que sana por completo al pecador. Jesús derramó su sangre en la cruz del Calvario, la cual nos limpia de todo pecado.
Jacob regresa a Canaán, quizás como muchos que deciden retomar sus valores, y quizás se imaginaba que Esaú sería un hombre salvaje, violento y lleno de remordimiento, odio y ganas de venganza, pero no era así. Los desacuerdos y pleitos entre los hermanos Esaú y Jacob marcaron a la familia patriarcal. Rebeca, su madre, sentía la lucha entre ambos hermanos por salir primero de su vientre. Esaú vendió su primogenitura a su hermano Jacob, sin importar la bendición que estaba despreciando.
Jacob va de regreso a su tierra, pero ya no es ese joven astuto, calculador y engañador; veinte años después, su corazón le dicta la consciencia de la reacción que tendrá su hermano al verlo. Él salió solo, pero regresa con una gran familia. Jacob luchó tanto al quedarse a solas con el ángel que obtuvo lo que quería. Confesó que se llamaba Engañador [Jacob] y Dios le cambió el nombre a Israel [El que lucha con Dios]. El hijo pródigo rehusó llamarse hijo de su padre y prefirió ser un echa día.
La evidencia de su victoria sobre su propio yo fue que el ángel le descoyuntó el muslo y ahora su forma de caminar es diferente. Él mismo le pone el nombre a ese lugar, Peniel, que significa “Rostro de Dios”, porque vio a Dios cara a cara. La tenacidad de Jacob lo llevó a experimentar el perdón, a pesar de que pudo haberlo temido.




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