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Una Adoración Genuina - Prédica

Lectura: Mateo 2:1-12

Pastora Belkis Fernández, D.Min.


La visita de los sabios del oriente le da bienvenida al niño Jesús. Esta visita es un reconocimiento público de que ha nacido el rey. Jesús nació en Belén, en días del rey Herodes. Ellos llegan a la casa donde está el niño Jesús, se postran y dan una adoración genuina. Además, traen un tesoro con oro, incienso y mirra; tres elementos que tipifican mucho valor, procesos de vida, muerte y el proyecto completo de Jesús encarnado.


En ese contexto y en término sociopolítico-económico e ideológico que aparezca ahora otro rey, turbó a Herodes y al pueblo. Herodes quiso ser inteligente, pero no le funcionó. Las tinieblas podrían tomar ventajas, pero el Señor siempre prevalecerá en sus planes.

El rey Herodes hizo una gran convocatoria y cruelmente mandó a matar a los niños menores de dos años en Belén. Él se sentía en peligro. Los sabios tuvieron un sueño de no regresar por el mismo camino y de no regresar a Herodes. Dios te llama a cumplir una misión y desea que no sigas el camino de los “Herodes”, que no te detengas con el maligno. Además, desea que cambie de ruta, así como lo hicieron a su regreso.


Los sabios se dejaron llevar de la estrella que lo condujo directamente a Jesús. Cuando nos dejamos guiar de Jesús, aunque aparezca tropiezos en el camino siempre vamos a salir victorioso. María y José se dejaron guiar por el Señor y salieron a Egipto a esconder el niño Jesús de Herodes. Luego al tiempo de Dios (Kairós), regresaron, pero ya Herodes había muerto. Déjate guiar en el Kairós de Dios y no en tu propio tiempo.


¿Qué turbó a Herodes? El saber que el Mesías, el rey de reyes, Emanuel, Dios con nosotros había nacido con un propósito de apacentar a aquellos que han perdido la esperanza, por la soledad, por mentes débiles, por la inestabilidad familiar, la enfermedad y por la desgracia producto del pecado.


En este texto bíblico Jesús es presentado como el apacentador de su pueblo. Su pastoreo es único porque dio su vida por todos y sus ovejas nadie se las arrebata.


En conclusión, los sabios reconocieron a Jesús y su misión, se alegraron al conocerlo, se postraron ante el niño Jesús, le adoraron y ofrecieron oro, incienso y mirra, símbolo de un proyecto completo el cual incluye a toda la humanidad.


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