¡Una Buena Obra! - Prédica
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Lectura: Mateo 26:6-13
Pastora Belkis Fernández, D.Min.
La iglesia tiene como meta principal proclamar el evangelio de Jesucristo, enseñar con el ejemplo, vivir una vida de adoración genuina a nuestro Señor y practicar la santidad comunitaria, de la cual habló Juan Wesley. Esta es una buena obra.
Una mujer derramó un frasco de perfume muy caro sobre la cabeza de Jesús y se desató un desacuerdo entre los discípulos. Jesús dijo: «Esta mujer ha hecho una buena obra conmigo». En Mateo 26:6-13 y en Marcos 14:3-9 la mujer derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús.
En el Evangelio de Juan, fue María quien derramó una libra de nardo puro, de gran precio, y ungió los pies de Jesús. Esta es una actitud de humillación, tal como acostumbraba a recibir sus enseñanzas postrada ante sus pies.
Los discípulos, y entre ellos Judas Iscariotes, decían: ¿Para qué este despilfarro? Creían que ese perfume debía venderse y dárselo a los pobres. Juan 12:4-5. Jesús dijo: “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros.
¿Honramos a Jesús como Hijo de Dios? ¿O invertimos en obras benéficas como una forma de ganar nuestra salvación? La unción para su sepultura en vida significó muchísimo para Jesús, pues profetizó que de esta mujer se haría memoria dondequiera que se proclame el evangelio de Jesucristo. Aquí estamos proclamando su Reino y haciendo memoria de ella, de su gesto, de su entrega y de su adoración genuina.
Jesús no descartó la preocupación por los pobres, pero dijo que siempre habrá pobres. Hoy tienes la oportunidad de levantar el nombre de Jesús y proclamar su evangelio. Jesús no se opone a ayudar a los pobres, pero reconoce que, en ese momento, aprecia más la honra que recibir platos de comida de los necesitados. La mejor obra que podemos hacer es la proclamación del evangelio.
Antes de que Jesús entrara en su agonía, sufrimiento y crucifixión, esta mujer quería honrarle. María aprovechó la oportunidad de estar con el Hijo de Dios; quería retornar a Jesús todas las enseñanzas recibidas, incluida la resurrección de su hermano Lázaro, de ahí que buscara lo que más le costó: su perfume de nardo, equivalente al salario de un año.
El agradecimiento evita que la persona se quede de brazos cruzados. La casa se llenó de la fragancia del perfume. Esa obra era un desperdicio para los discípulos; mas para Jesús era una adoración.



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