La Obediencia a Dios - Predica
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Lectura: Deuteronomio 6:5-9
Pastora Belkis Fernández, D.Min.
El que tenga oído espiritual, oiga. En la actualidad, hay muchos que ya no tienen oídos, sino que predomina lo visual: el homo videns, lo que Sartari llama una sociedad en la que lo visual se encarga de enseñar. Emplear el método repetitivo, escuchar, leer y, mucho menos, meditar está en peligro.
El primer domingo de 2014, prediqué este mensaje sobre la obediencia a Dios. Este domingo 19 de julio de 2026, quiero retomar parte de este mensaje de la escritura y que el Espíritu Santo produzca en cada oyente un espíritu de obediencia.
Oye, Israel: Jehová nuestro Dios uno es (Deut.6:4). Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas … Deuteronomio 6:5-7. Estas fueron instrucciones del Señor a Moisés para que las transmitiera al pueblo.
Abraham es un buen ejemplo de fe, amor y obediencia; él creyó y tuvo que abandonar su tierra y esperar el tiempo de Dios para recibir lo que Dios le había prometido.
Las consecuencias de la obediencia se encuentran en Deuteronomio 28 y se manifiestan como un resultado holístico en todas las áreas de la vida del creyente. Por otra parte, aparece la desobediencia, que tendrá consecuencias no buenas, de tal manera que incluso se dice: «plantarás mucho y recogerás poco». (NTV, Deut.28:38). Esto último, muy triste: matarse trabajando para nada.
¿Estamos transmitiéndoles a nuestros hijos, familiares y amigos el amor a Dios o nuestra apatía?
¿Espiritualidad o egocentrismo, a cuál le damos importancia? Amor y obediencia van juntos y no son a la fuerza ni para quedar bien con alguien, sino porque Dios nos amó primero. El creyente tiene que mantener su pasión por Cristo; tarde o temprano sale a la luz lo que hay adentro.
El enemigo saca ventaja, ya que cuesta amar a Dios, enseñar y vivir principios espirituales y valores eternos. ¿Qué hacemos ante tantos cerebros trastornados por el pecado de la adicción a la cibernética? La apatía espiritual trae consigo sus consecuencias. Hay que ser genuinos maestros del amor de Dios si queremos recoger los frutos de la obediencia.
Hay recompensas para el hijo que obedece a su padre biológico, para el trabajador que escucha el consejo apropiado, para el estudiante que presta atención, para la congregación que vive y promueve el establecimiento de Cristo, mantiene la unidad de espíritu y anuncia el mensaje de amor y esperanza.
Escucha, ama y enseña la Escritura diligentemente, no solo en el púlpito ni buscando tus
intereses, sino con un estilo de vida cristocéntrico. Enseña con tu ejemplo, enseña a repetir, a
memorizar y a vivir como vivió Jesús. En Deuteronomio 28 encontramos las bendiciones del
que decide amar de verdad y obedecer a Dios y las maldiciones del que desobedece. Si no
obedecemos, entonces la ira de Dios se revelará contra toda impiedad e injusticia de los
hombres. (Romanos 1:18). El creyente tiene que procurar vivir intencionalmente una vida de obediencia ante los ojos del Altísimo, la cual se reflejará en su prójimo.




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