Mi Roca y Mi Salvación - Prédica
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Lectura: Salmo 62:1-7
Pastora Belkis Fernández, D.Min.
El Salmo 62 retrata una situación difícil que David atravesó en el desierto de Judá. La poesía inicia con la palabra "acallar", que significa apagar los fuegos, guardar silencio y traer descanso.
En Dios solamente está acallada mi alma; es decir, nuestro Dios es un apagafuegos y la única vía para encontrar el verdadero descanso. Hay demasiados ruidos y esos ruidos equivalen a fuegos destructores. La palabra acallar, es hacer que cesen los ruidos, tranquilidad y calma es lo que trae el estar acallado en Dios.
El salmista enfatiza la palabra «solo». Esta palabra afirma que no hay un sinnúmero de alternativas para encontrar el verdadero descanso, sino que únicamente en Dios.
Nuestro Dios es roca, alcázar y fortaleza, y esta metáfora nos invita, como creyentes, a poner nuestros fundamentos en Jesús. La roca nos dará un fundamento sólido ante las tormentas. El alcázar y la fortaleza son estructuras sólidas y amuralladas que sirvieron para la protección y la defensa militar, de modo que solo en Dios encontramos un lugar seguro.
David estaba rodeado de gente mentirosa y no era fiel; aparentaban una cosa y en su corazón tenían otra; es decir, con sus labios bendecía, pero con su corazón maldecía.
Si el Señor decide colocar en una balanza a gente de diferentes rangos económicos y sociales, la versión latinoamericana dice: “solo un soplo son los plebeyos, los nobles, mera apariencia; todos juntos en la balanza pesarían menos que un soplo” … y aconseja: cuidado, que un problema serio son las riquezas, pues si aumentan, no le entregue el corazón.
Apela a Dios, quien es alcázar, fortaleza y roca, para todos los que confían en él. Él pagará a cada uno según sus obras, de manera que él no lo pone en duda; no vacila, sino que sabe dónde y cuándo y cómo acallar en él.
Es una buena reflexión, ya que si nos meten en una balanza, pesamos menos que un soplo. La riqueza, la apariencia, lo que puede elevar a la persona humana, son posiciones transitorias y toda vanidad. Baja tus ímpetus, arrebatos e impulsos y reflexiona sobre un cambio en tu trato a Dios y a los demás, aunque estés rodeado de gente que practique la hipocresía.



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